No eres el ombligo de mi mundo, eres el capitán de mi navío de aguas tormentosas, así fue lo que nunca le dijo y lo que siempre pensó y es que su mal vicio, por tener alguno, era cuidar de él y su mejor afición quererle, o era al revés, ya no recordaba bien como era.
Tampoco le dijo que era amante de la cultura, de su cuerpo y hermosura, de sus heridas patinando y de ir de su mano caminando.
Siendo sincera siempre pensó que no sabía si morir de amor o de poesía pero sin él sus noches no acaban con una sonrisa.

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