martes, 25 de octubre de 2016

Luna y Lourdes

Como viento y lluvia, eran la perfecta combinación
Después de su largo viaje, los encuentros casuales entre ellas llegaron a ser el plan de siempre, de un jueves por la tarde en aquella librería, con el libro a medio terminar y sus miradas insinuantes.

La casualidad de estar leyendo un libro en la sección acertada, y que ella se acercase a preguntarle.
Luna eran tan suya, tan a lo suyo que solo podía encontrarse bien con sigo misma si los jueves por la tarde iba a la librería del distrito 18 a leer un poquito. y aquel día de viento era perfecto para no salir, para quedarse en casa, pero ansiaba la lectura como yo te ansío a ti cada noche.
Cada día Luna elegía un género distinto, para no privarse de conocer a gente, mejor dicho, autores. Aquella tarde, que el viento no paraba de acariciar su rostro al roce de su pelo, Luna quiso un poquito de poesía, de la que sabía mucho y a la vez nada en concreto.

Lourdes a toda prisa, con el móvil en la mano, sin saber a donde ir, con tanto viento y tiempo libre hasta coger el largo camino a Glasglow, buscó la librería más cercana para encontrar un compañero de viaje. En cuanto entró en aquella pequeña librería empezó a llover como nunca antes pudieron apreciar sus ojos.
Lourdes sí conocía bien la poesía, ella escribía de vez en cuando sus rimas y sobre todo leía y disfrutaba de poetas españoles, al ver a aquella morena sentada en el suelo, perdida entre las páginas de Lorca y sumergida en el mundo que ella amaba se acercó sin dudarlo a Luna.

El resto de la historia podéis imaginarla, Glasglow duró poco en la vida de Lourdes, un par de meses por trabajo y vuelta a España, Luna la recogió en el aeropuerto y su hija es fruto de la más bonita de las casualidades, del viento y la lluvia.